COOPERATIVISMO OBRERO, CONSEJISMO Y AUTOGESTIÓN SOCIALISTA
ALGUNAS LECCIONES PARA EUSKAL HERRIA
3. BOLCHEVISMO Y COOPERATIVISMO.
Dos años más tarde, en 1902, Lenin analizazó sistemáticamente esta cuestión en "¿Qué hacer?" reconociendo los méritos de Lassalle (1825-64) consistentes. "En haber apartado ese movimiento del camino del tradeunionismo progresista y del cooperativisno, por el cual se encauzaba espontáneamente", logrando que el movimiento obrero alemán se independizara de los sindicatos católicos y monárquicos, y de los sindicatos esquiroles de la patronal. Y un poco más adelante, criticó al matrimonio Webb --"sólidos eruditos (y "sólidos" oportunistas)"-- y al "economicismo" de la política sindical y cooperativista, británica, meramente defensiva, que ocultaba "la tendencia tradicional a rebajar la política socialdemócrata al nivel de la política tradeunionista".
La insistencia de Lenin en luchar por expandir la conciencia política revolucionaria se basaba, a parte de en otras razones, también en su profundo conocimiento de la situación del movimiento obrero, en el que en 1901 adquirió bastante fuerza en Moscú, Odessa, Minsk y otras ciudades industriales la "Asociación de ayuda mutua de los obreros de la industria mecánica", que seguía las tesis de Zubatov según las cuales el movimiento obrero debía organizarse económicamente, participando en la administración de la empresa pero siempre al margen de toda pretensión política y socialista, participación que sin embargo terminaba dependiendo del Estado zarista. Las izquierdas denominaron a este programa "socialismo policíaco".
La agudización de la lucha de clases destrozó el movimiento para finales de 1903. Pero también dentro de los bolcheviques existía una tendencia que sostenía que el socialismo triunfaría sólo cuando, además de otros dos requisitos como la automatización y el desarrollo previo de la conciencia proletaria, el cooperativismo llegase a dominar y dirigir el desarrollo industrial. Sin esas tres condiciones no podía esperarse la consecución del socialismo, según afirmó en 1904 N. Rozkov en su "Sobre la cuestión agraria".
Roztov era un bolchevique profesor de historia que seguía con mucha atención el cooperativismo europeo occidental y en especial las cooperativas de producción de vidrio en Albi, Estado francés, que eran unas de las más conocidas de todo un proceso iniciado en la última década del siglo XIX en Saint-Claude y que se expandió a Lille, Roubaux, París y otras ciudades. Tras fusionarse con otros movimientos dio paso en 1895 a la Bolsa Cooperativa de Sociedades Obreras de Consumo. Esta reorganización facilitó que el cooperativismo que en 1894 disponía de 300.000 miembros divididos en 942 sociedades ascendiera en 1902 a 500.000 miembros en 1.600 cooperativas.
Como en otros muchos sitios, una parte de los beneficios cooperativos se destinaba a fines sociales y ayudas políticas. Por ejemplo, en el distrito III de París se fundó una de las primeras cooperativas, en 1891, que sufragaba la asistencia médica a sus obreros, y ayuda para los medicamentos, tenía una caja de préstamos, y un fondo de solidaridad para otras luchas y otro para propaganda. En apariencia, todo indicaba que con una sabia y paciente síntesis de cooperativismo, sindicalismo y ascenso electoral se llegaría al socialismo sin tener que pasar por la violencia revolucionaria.
También en Bélgica, el Partido Obrero creó en 1900 la Federación de Sociedades Cooperativas que integraba a 189 colectivos con 86.000 miembros. Los estatutos de la FSC belga afirmaban los objetivos socialistas y políticos del cooperativismo, y sus miembros asumían los principios del Partido Obrero. La FSC abonaba al Partido Obrero un tercio de todos sus beneficios, y la aumentaban según las exigencias de la lucha socialista. La FSC también financiaba en buena medida la creación de las Casas del Pueblo, auténticos centros de organización popular, educación y alfabetización, formación política, encuentro y diversión, además de locales para las imprentas y los periódicos socialistas. Sin embargo, dado que el grueso del cooperativismo era de consumo, no afectaba a la solidez del capitalismo en un momento de auge imperialista, todo lo cual, además del reformismo creciente en la socialdemocracia belga e internacional, llevó imparablemente a la FSC a un callejón sin salida.
3.1. 1905, IMPERIALISMO Y COOPERATIVISMO
La Revolución de 1905 sometió todas estas teorías a un implacable examen práctico. La Revolución de 1905, que azotó sísmicamente a todo el pensamiento europeo por cuanto certificaba el irreversible asentamiento del imperialismo capitalista y de sus contradicciones exacerbadas, sacó a la luz no sólo el problema de la contradicción capital-trabajo dentro del cooperativismo, sino, sobre todo, el hecho de que el cooperativismo sólo podía ser entendido como uno de los momentos del proceso autogestionario colectivo de la fuerza de trabajo social en su lucha emancipadora y desalienadora, constatación que fue avalada por el debate sobre las formas masivas de huelga, desde la Huelga General hasta el sindicalismo revolucionario pasando por las relaciones entre el partido y el espontaneísmo de masas. Recordemos, sin extendernos, las ideas de Rosa Luxemburg al respecto y la generalización de los debates en la II Internacional y en el ámbito anarquista. Proceso que inevitablemente pasaría por las experiencias consejistas, sovietistas y de poder obrero y popular.
Y fue Trotsky quien primero se percató de la dialéctica de dicho proceso, y quien primero criticó las tesis mecanicistas de Rozkov en su escrito carcelario de 1906: "Resultados y perspectivas. Las fuerzas motrices de la revolución" :
"Las cooperativas no pueden llegar a la cabeza del desarrollo industrial, no porque el desarrollo económico todavía no haya progresado suficientemente, sino porque lo ha hecho demasiado. El desarrollo económico prepara, indudablemente, el terreno para la producción cooperativa, pero ¿para cuál?: para la cooperación capitalista sobe la base del trabajo asalariado; cualquier fábrica nos puede servir como muestra de tal cooperación capitalista. Con el desarrollo técnico aumenta también la importancia de esta cooperación. Pero ¿cómo podría permitir la evolución del capitalismo, que las empresas cooperativas lleguen "a la cabeza de la industria"? ¿En qué basa Rozkov sus esperanzas de que las cooperativas desplacen a los cárteles y a los trusts y se coloquen a la cabeza del desarrollo industrial? Está claro que, en este caso, las cooperativas tendrían que expropiar automáticamente a todas las empresas capitalistas, después de lo cual sólo quedaría reducir la jornada laboral hasta el punto en que todos los ciudadanos tuviesen trabajo, regulando el volumen de producción de las diferentes ramas para evitar las crisis. De esta forma estaría construido, en sus rasgos fundamentales, el socialismo. De nuevo parece claro que no hay ninguna necesidad de la revolución o de la dictadura del proletariado". Pero Trotsky no rechaza en modo alguno el cooperativismo sino al contrario, poco después dice: "Una producción socialista, es decir, producción cooperativa a gran escala".
La Revolución de 1905 azuzó el debate teórico sobre el cooperativismo porque abrió definitivamente el debate práctico sobre el poder soviético, sobre el poder del pueblo trabajador autoorganizado en soviets, en consejos de obreros, soldados y campesinos en base a la democracia socialista. Lenin profundizó sus estudios en 1907 con el texto "El problema agrario y los "críticos de Marx"", y tras demostrar con contundentes datos que casi la totalidad de las cooperativas agrarias danesas pertenecían a los grandes propietarios agrícolas, escribió :
"Para infundir un poco de vida a estas cifras y cuadros inanimados y mostrar el carácter de clase de la agricultura burguesa (...) mencionaremos un hecho destacado en la historia del movimiento obrero de Dinamarca. En 1902, los propietarios navieros daneses rebajaron los salarios de los fogoneros. Estos respondieron con una huelga. El sindicato único de los obreros portuarios se solidarizó con ellos, y también declaró el paro. Pero... no se consiguió que la huelga fuera general, que se extendiera a todos los puertos del país. "No se logró --Lenin cita a E. Helms-- que el puerto de Esberg (en la costa occidental de Dinamarca, importante para el comercio con Inglaterra), de enorme significación para la exportación de los productos agropecuarios daneses, se incorporase a la huelga, pues las cooperativas agrícolas danesas declararon que estaban dispuestas a enviar inmediatamente a todos los miembros suyos que fuesen necesarios para cargar los buques; los campesinos daneses no permitirían que se paralizase la exportación de sus productos."
"Las cooperativas danesas, pues,--sigue Lenin-- se pusieron de parte de los patronos navieros contra los obreros e hicieron fracasar la huelga. Se comprende muy bien, como es natural, que los granjeros capitalistas, dueños de 10 vacas y más, apoyaran a los mismos capitalistas contra los obreros".
Conforme avanzaba la década de 1901-10, y el imperialismo se asentaba definitivamente como la fase capitalista estructuralmente dominante, en este tenso e intenso salto, del que la Revolución de 1905 en Rusia y otras muchas luchas sociales en Europa y EEUU son un efecto, pero también aunque algo más tarde, el estallido de la Revolución mexicana, por ejemplo; en este proceso, el cooperativismo va mostrando a su vez todas sus ambigüedades genéticas. Y es precisamente entonces cuando surge, desde el marxismo, un texto que vuelve a demostrar la superioridad cualitativa del materialismo histórico sobre el resto de sistemas de interpretación y transformación de la realidad social.
Nos referimos a "El camino del poder" de Kautsky escrito a comienzos de 1910. El autor advierte que el aumento del sindicalismo y del cooperativismo obreros así como de los sindicatos patronales y de la centralización y concentración del capital que entonces adquirían una velocidad pasmosa, ya había sido anunciados por Marx, y reafirma que:
"Tal y como hemos hecho ya antes con frecuencia , insistimos una vez más en que no se trata de saber si las leyes de protección obrera y otras medidas tomadas en interés del proletariado, si los sindicatos y las cooperativas son o no son necesarios y útiles. En este punto somos todos del mismo parecer. Sólo negamos una cosa: que las clases explotadoras, que disponen del poder político, puedan permitir que estos elementos adquieran un desarrollo que conduzca al derrocamiento del yugo capitalista, sin oponer antes con todas sus fuerzas una resistencia que no se verá quebrada más que por una batalla decisiva".
Kautsky analiza cómo en períodos expansivos el cooperativismo en aumento parecía legitimar la tesis reformista de cambios graduales, lentos pero imparables hacia el socialismo. Pero, a continuación, muestra cómo en las fases de crisis y de agravación de las contradicciones de clase, incluso la pequeña burguesía comercial se opone al cooperativismo obrero de consumo, y opta por aliarse con los sindicatos patronales:
"Los pequeños comerciantes se vieron amenazados, a su vez, por la elevación de los precios, pues la capacidad adquisitiva de sus clientes, obreros en su mayor parte, no aumentaba en la misma proporción. Sin embargo, la emprendieron más bien con los obreros que con la política proteccionista y los sindicatos patronales, tanto más cuanto que los obreros procuraban escapar alas consecuencias del alza de los precios eliminando, con ayuda de cooperativas, a los intermediarios". Kautsky resume en estas breves frases los choques en Alemania, pero que también se estaban produciendo entre grandes y pequeños comerciantes y las cooperativas.
Ya en 1885 el Estado español salió en defensa del comercio privado regulando las cooperativas de producción, crédito y consumo, pero uno de los choques más serios fue el de los carniceros de Glasgow y el almacén cooperativo, en 1897, por la importancia y carestía de la carne como alimento de primera necesidad; o el largo conflicto entre la industria del calzado suiza con las cooperativas del ramo entre 1895 y 1911. Además, el imperialismo también endureció el choque entre el cooperativismo y la gran industria, los truts y cárteles, que no dudaron en crear sucursales, mejorar y abaratar la distribución, abrir grandes tiendas, recurrir al dumping, etc., en las luchas de los grandes truts y cárteles contra las cooperativas incluso de otros Estados y países.
No nos debe sorprender, por tanto, que en el Congreso Socialista Internacional de Copenhague de 1910, estuviera muy presente el problema del cooperativismo. Podemos leer en la obra colectiva "El movimento cooperativo en Euskadi 1884-1936", lo más importante de este Congreso :
"Considerando, que las Sociedades Cooperativas de consumo no sólo procuran ventajas materiales inmediatas a sus afiliados, sino que tienen por objetivo: 1º. Aumentar la potencia del proletariado, por la supresión de intermediarios y por la creación de servicios de producción dependientes de los consumidores organizados, 2º. Mejorar las condiciones de vida obrera, 3º. Educar a los trabajadores mediante la administración con plena independencia de sus propios negocios, y ayudares de este modo a preparar la democratización y la socialización de las fuerzas de producción y de cambio.
Considerando que la cooperación por sí sola sería impotente para realizar el objetivo que persigue el Socialismo que es la conquista de los poderes públicos mediante la apropiación colectiva de los medios de trabajo.
El Congreso, poniendo en guardia a los trabajadores contra los que sostienen que la Cooperación se basta a sí misma, declara que la clase obrera tiene el mayor interés en utilizar en su lucha de clases, el arma cooperativa, y exige que todos los socialistas y obreros sindicados participen activamente en el Movimiento Cooperativo, a fin de desarrollar dentro del mismo el espíritu del Socialismo e impedir que las cooperativas se aparten del papel de educación y de solidaridad obrera.
Los cooperadores socialistas tienen el deber de luchar:
1º. Porque los excedentes no se devuelvan íntegramente a los afiliados, sino que una parte de eloos se destinen, bien por las propias Cooperativas, bien por las Federaciones o Almacenes al por mayor, al sostenimiento de los afiliados, al desarrollo de la producción cooperativa y a fines de educación y enseñanza.
2º. Porque las condiciones de salario y de trabajo en las Cooperativas se resuelvan de acuerdo con los Sindicatos.
3º. Porque la organización del trabajo en las Cooperativas sea ejemplar y que la adquisición de mercancías se efectúe por ellas teniendo en cuenta las condiciones de trabajo de los que las han producido.
Pertenece a las diversas Cooperativas en cada país el decidir si deben ayudar directamente y que medida con sus propios recursos al movimiento político y sindical. Teniendo en cuenta los servicios que la Cooperación puede prestar. Serán tanto mayores cuanto el movimiento cooperativo sea más fuere y más unidos, el Congreso declara que las Cooperativas de cada país, que estén constituidas sobre la base de la presente resolución, deben formar una sola Federación.
Y declara que la clase obrera, en su lucha contra el capitalismo, tiene el mayor interés en que los sindicatos, las Cooperativas y el Partido Socialista, aun conservando su autonomía y su unidad propias, estén unidos por relaciones cada día más íntimas".
Por su parte, Lenin que estuvo presente en el Congreso, en octubre de ese año definió así las dos visiones opuestas que se habían enfrentado, y que representaban las contradicciones reales existentes en el movimiento socialista al respecto mucho más que las resoluciones del Congreso:
"Una, la línea de lucha de clase del proletariado, el reconocimiento del valor que tienen las cooperativas como un instrumentos de esta lucha, como uno de sus medios auxiliares, y la definición de las condiciones en las cuales las cooperativas desempeñarían realmente ese papel, en lugar de ser simples empresas comerciales. La otra línea es la pequeñoburguesa, que oscurece el problema del papel de las cooperativas en la lucha de clase del proletariado, les otorga un significado que va más allá de esta lucha (es decir, confunde las opiniones proletarias y las de los patronos sobre las cooperativas) y define sus objetivos con frases generales que también pueden ser aceptables para el reformador burgués, ese ideólogo de los grandes y pequeños patronos progresistas".
No podemos citar entero el "Proyecto de la delegación socialdemócrata de Rusia" sobre las cooperativas defendido por Lenin en el Congreso, así que lo vamos a resumir: El cooperativismo de consumo mejora la situación obrera y reduce la explotación; puede adquirir gran importancia apoyando las luchas obreras, las huelgas y contra las persecuciones políticas, etc.; pero las mejoras serán insignificantes mientras los medios de producción sigan en manos capitalistas, porque no son organizaciones de lucha directa y pueden engendrar la ilusión de que pueden resolver la explotación sin lucha de clases y sin expropiar a la burguesía. El Congreso exhorta a los obreros a ingresas en ellas y defender su carácter democrático; a difundir en ellas el socialismo y la lucha de clases, y a potenciar el acercamiento más completo posible de todas las formas del movimiento obrero. Las cooperativas de producción sólo pueden tener importancia en la lucha de la clase obrera si son parte integrante de las sociedades de consumo.
Esta última tesis sobre la integración de las cooperativas de producción en las de consumo tiene una importancia transcendental desde la perspectiva marxista porque atañe al núcleo del problema, a saber, el cooperativismo como uno de los instrumentos decisivos de la producción socialista y por tanto, uno de los instrumentos decisivos para lograr la extinción histórica de la ley del valor-trabajo. El secreto del problema radica en que las cooperativas deben tener capacidad de autogestionar el proceso entero de producción, circulación y venta, y reparto e inversión desde los criterios cooperativistas y de ayuda mutua de los beneficios obtenidos. O sea, romper de raíz la lógica de la acumulación privada capitalista.
Cuando el bolchevismo exigía la totalidad del proceso producción-consumo en el cooperativismo lo hacía por dos razones dialécticamente unidas: una, más general y amplia, porque estaban poniendo uno de los pilares sociales para avanzar en la superación histórica de la propiedad privada. Su cooperativismo no era en modo alguno burgués, sino lo opuesto. Conocían muy bien el áspero debate dentro del socialismo internacional en el que existía una corriente, cada día mayor, que defendía el "cooperativismo neutro", como lo definió Vandervelde en 1913 al compararlo con el "cooperativismo socialista", y la negación explícita de la ley del valor-trabajo, de la filosofía dialéctico-materialista y de la dictadura del proletariado.
La otra razón, más concreta y ceñida a la situación del decisivo "problema agrario" ruso, porque conocían muy bien las contradicciones dentro del cooperativismo agrario que, como en el ejemplo de Dinamarca analizado por Lenin, eran los grandes propietarios de tierra los que controlaban la mayoría de las cooperativas. La única forma de romper ese poder reaccionario era multiplicar el control de los campesinos del proceso entero de producción y distribución y, en las condiciones específicas de la Rusia zarista de la época como Lenin insiste al marcar las diferencias con Alemania, la nacionalización de la tierra, según el bolchevismo exigía también en 1907 en: "El programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa". El bolchevismo sale una y otra vez en defensa del campesinado cada vez más agredido, como hace Lenin en diciembre de 1910 en "¿Qué está sucediendo en el campo?":
"¿Cómo quiere el Gobierno de Stolipin modificar el viejo orden rural? Quiere acelerar la ruina completa de los campesinos, conservar la propiedad agraria de los terratenientes, ayuda a un puñado insignificante de campesinos ricos a "salir de la comunidad rural para establecer las fincas propias" y hacerse con la mayor cantidad posible de tierras comunales. El Gobierno ha comprendido que las masas campesinas están todas contra él y trata de encontrar aliados entre los campesinos ricos".
No se comprende la extraordinaria importancia de la línea bolchevique de integrar las cooperativas de producción en las de consumo si no se parte del criterio decisivo de la agudización de la lucha de clases al aumentar la explotación dentro del campesinado. Esta tendencia objetiva imparable era, sin embargo, menospreciada o negada por los reformistas en cualquiera de sus múltiples formas y corrientes. En "El campesinado y el trabajo asalariado" de inicios de 1914 Lenin insiste de nuevo en la creciente lucha de clases dentro del campesinado por la expansión del capitalismo:
"Todos saben que cada ciudad y cada vertsa de ferrocarril arrastran a la economía campesina al ciclo comercial y capitalista. Los "populistas de izquierda" son los únicos que se niegan a ver la verdad que deshace su teoría pequeñoburguesa. Esta verdad consiste en que cada versta de ferrocarril, cada nueva tienda que se abre en la aldea, cada cooperativa que facilita las compras, cada fábrica, etc., arrastra a la economía campesina al ciclo comercial, Y ello significa que el campesinado se está dividiendo en proletarios y pequeños patronos que contratan mano de obra asalariada". El cooperativismo es inseparable de la lucha de clases, y por su ambigüedad genética puede ser empleado a favor o en contra de la emancipación humana, dependiendo de qué clase social lo impulsa en un sentido o en otro.
Desde otra perspectiva social muy diferente, durante estos años --y veremos un ejemplo de 1908 en EEUU-- se realizaron experiencias de vida colectiva que no buscaban apenas la transformación reformista o revolucionaria de la sociedad capitalista, sino en la mayor parte de las veces la creación de un sistema alternativo y paralelo basado en principios que, en lo esencial, ya hemos visto al estudiar el socilaismo utópico. Conviene deternernos un poco en estas experiencias porque muestran, además del voluntarismo de sus organizadores, también los límites insalvables de cualquier pretensión de mejorar las condiciones objetivas del modo de producción capitalista sin atacar sus contradicciones internas. Su comparación con las prácticas y los debates socialistas y marxistas que estamos viendo en este apartado, sirve para dejar claras las grandes diferencias cualitativas entre ambos bloques.
En 1930 Emile Armand publicó su famoso texto "Historia de las experiencias de vida en común sin Estado ni autoridad", en que, además de recoger varios capítulos del libro de Morris Hillquit "Historia del socialismo en los Estados Unidos", que en sí mismo merece una atención que no podemos dedicarle aquí, sintetizaba desde una perspectiva anarquista una larga serie de experiencias comunalistas o de "Colonias" o "Centros de vida en común", según él las denomina. Vamos a citar las diez lecciones que extrajo, recordando que, como él mismo advirtió, el estudio se realizó desde "el punto de vista ético" que no económico. Esta advertencia es importante porque muestra uno de los puntos permanentes de separación entre el anarquismo y el marxismo. No es que el marxismo carezca de "punto de vista ético", sino que dispone de una visión integral que fusiona lo ético y lo económico en un sistema coherente, mientras que el anarquismo apenas se ha prepocupado por elaborar un sistema parecido, o simplemente ha optado por la primacía exclusiva de lo ético, que queda de ese modo amputado en su misma esencia y redudio a una voluntariosa abstracción, y el libro de Emile Armand es un ejempolo más, como también aunque a otra escala lo es el de Kropotkin.
De cualquier modo, el decálogo de Armand este: "A) El colono es un tipo especial de militante; todas las persponas no son aptas para vivir la vida en común, para ser librecentristas (...). B) La práctica de un medio preparatorio ha dado siempre buenos resultados. C) El número permite la agrupación, según afinidades. D) Una gran dificultad es la mujer casada, legal o libremente, que entra en el Centro con su marido o compañero; si tiene hijos la situación es peor. E) Nada de relaciones regulares entre los compñaeros y compañeras, y el Centro tiene tantas más probabilidades de duración. F) Todo Centro de vida en común debe ser un campo de experiencias ideal para la práctica de la "camaradería amorosa", del "pluralismo amoroso", de todo sistema tendente a la anulación del sufrimiento sentimental. G) La Colonia que constituye un hogar intensivo de propaganda (...) aumenta sus probabilidades de duración. H) Es bueno que los participantes (...) se traten, sobre todo los sexos opuestos. I) El régimen parlamentario no ha demostrado valor alguno para la buena marcha de las Colonias, quye exige la decisión y no la discusión. El sistema del animador, el árbitro que inspira confianza a los asociados y la conserva (...) parece haber tenido con preferencia el mejor éxito. J) La duración de toda Colonia es es factor de un pacto o contrato (...) el contrato definirá a qué persona se confía el arreglo, el caso de litigo o diferencia".
De todas las experiencias que refleja el libro de Armand queremos recoger lade la Colonia Liefra porque, en primer lugar, se inscribe dentro del socialismo cristiano; en segundo lugar, tuvo lugar en los Estados Unidos, con lo que ello implica, y en tercer lugar, se practicó en unos años cruciales:
"El Socialista cristiano de julio de 1924 publicaba un suplemento consagrado a la Colonia Liefra. Este estudio, debido al señor Paul Passy, profesor de la Escuyela de Altos Estudios, fonetista distinguido y cristiano evangélico muy conocido, nos recuerda que Liefra ha sido fundada en 1908 para ilustrar prácticamente los principios del colectivismo libertario de base cristiana, o mejor, como una aplicación moderna de los principios sociales contenidos en el código agrario mosaico, particularmente en el capítulo 25 del Levítico (ley de jubileo). Estos principios son los siguientes:
1º Propiedad colectiva inalienable del suelo.
2º Apropiación familiar por lotes proporcionados al número de miembros de cada familia.
3º Goce y explotación individual independiente (sin perjuicio de cooperaci´pon violuntaria, si hubiera lugar).
4º Revisión periódica de los lotes, de manera que mantenga o restablezca la igualdad de su valor.
Estos principios estaban en ensayo de aplicación dieciséis años, en 1924, en un terreno de 140 herctáreas, con varios edificios".
Y en una Nota a Pié de Página, Armand explica que: "El nombre Liefra está formado con la primera sílaba de las tres palabras Libertée, egalité, fraternité. Esta Colonia ha dejado de existir en fecha muy reciente; más exactamente después de la muerte de la señora de Paul Passy".
Según avancemos en las páginas siguientes se apreciarán más nítidamente las diferencias entre la concepción socialista y marxista, y la presentada por Armand.
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